Orden, simetría y magnificencia, al igual que las columnas dóricas griegas de la arquitectura clásica. Su superficie facetada evoca el estriado de las columnas de edificios y templos, creando una sensación de ritmo que difunde suavemente la luz al irradiar en el espacio. Al poder disponerse en segmentos de cilindros de vidrio soplado a máquina, permite alargar o ampliar un espacio verticalmente.